Archivo | junio, 2014

El dificil reto de equilibrar a “miniyo”

25 Jun

Estamos de vuelta tras una pausa vital necesaria.

Y retomo uno de los temas que mas interés despertaron al inicio del blog allá por Octubre del año pasado: el “miniyo”

Lo presentamos en Conviviendo con “miniyo” y pese a ser conscientes de conocerlo sigue siendo un autentico quebradero de cabeza buscar el equilibrio del bichito en cuestión.

Como ya he comentado en mas de una ocasión no creo en las definiciones absolutas con las personas, en el “ser” sino que valoro los comportamientos del “aquí y ahora”, en este sentido sigo padeciendo cada cierto tiempo alguna de las consecuencias negativas del descontrol de mi “miniyo”. Estos descontroles podemos dividirlos en dos:

“Miniyo” exagerado: cuando vamos sobrados de autoestima, nos creemos en poder de la verdad absoluta y aprovechamos para hacérsela ver a los demás (pobres ciegos…). En estos casos nuestro “miniyo” nos precede cuando entramos en los sitios, si, ya sabéis hay personas cuyos egos entran en las salas antes que ellos, es en esas ocasiones donde piensas “mira aquí está el “miniyo” de fulanito, detrás viene él”.

Para mi desgracia peco, en más ocasiones de las que me gustaría reconocer, de esta soberbia, exagerando pequeños logros y dándome un autobombo innecesario que me hace perder el foco de las cosas verdaderamente importantes de la vida.

“Miniyo” insignificante: cuando todo se nos viene encima. Cuando la autoestima brilla por su ausencia, cuando nos queremos poco y mal. Aunque parezca lo contrario hay muchas personas en determinados momentos de su vida que no se quieren lo suficiente. En estos casos aparece lo que mi querida Belen Varela llama el “calimerismo”, nos convertimos en el famoso burrito Igor y todo lo vemos negro.

Es necesario salir lo antes posible de este descontrol que nos hace caer con frecuencia en uno de los demonios de nuestra era: la depresión.

Como siempre en estos casos hay que empezar por la consciencia, es importantísimo tener la lucidez suficiente para reconocer cuando acabamos de padecer alguno de los descontroles comentados.

Estoy convencido que en nuestro fuero interno lo sabemos en la mayoría de las ocasiones pero no basta con que se quede ahí.

Hay que sacarlo fuera, recordemos que somos lo que hacemos y lo que decimos (no la imagen que tenemos de nosotros en nuestras cabezas) y por ello es importante saber pedir perdón y avergonzarse de uno mismo cuando el exceso de “miniyo” nos ha llevado a herir a otros y también aprender a perdonarse y ponerse en valor con todas las cosas positivas que tenemos cuando el problema ha sido de baja autoestima.

Y tú…¿que haces para equilibrar tu “miniyo”?

Hagas lo que hagas, cambiar siempre es posible, no como dice James Arthur en esta preciosa canción.

 

 

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