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Pequeño homenaje a las inspiradoras de mis valores

22 Oct

A veces es necesario un pequeño empujón para salir de la “zona de confort” y a mi me lo dio la semana pasada mi querido amigo Kike Rogado y por eso he retomado el blog y dentro de muy poco podreis leerme en el nuevo dominio y en la nueva dirección http://www.chemacoach.com

Allí os espero de ahora en adelante. Pero necesito despedirme de esta dirección con un post que sale desde el corazón.

Me iba poniendo excusas que ni yo mismo me creía para dejar para “más adelante” (una vez más la indefinición de objetivos) esta entrada que voy a escribir con todo el cariño que las destinatarias se merecen.

Aunque en el pasado les dediqué unas líneas a alguna de ellas (las abuelas), me seguía sintiendo en deuda (y este pequeño artículo tampoco la va a saldar) con los pilares que me han inspirado de forma decisiva: las mujeres de mi vida.

Cuando echo la vista atrás y analizo la persona en la que me voy convirtiendo cada día no puedo por menos que agradecer que la mejor parte de mí se la debo a ellas.

Comienzo por mi abuela, Iluminada, que me enseñó en que consiste el amor desinteresado, la entrega a los demás sin pedir nada a cambio. Su azarosa vida, como la de tantas de su generación, arrancó con la pérdida de sus padres siendo muy pequeña y siguió con su viudedad a los 26 años lo que le hizo ponerse la vida por montera y empezar a trabajar en los duros años 50 para sacar a sus dos hijas adelante. No existía la palabra conciliación en aquel momento y tuvo que duplicar esfuerzos para ser referente económico y emocional de su familia.

Cuando vienen a mi mente valores que hoy consideramos clave en el mundo empresarial como resiliencia, compromiso  y cultura de esfuerzo, nadie me los refleja mejor que ella. Desgraciadamente hace casi cinco años que no puedo decirle lo mucho que la admiro.

Sigo por mi madre, Margarita, de la que aprendí la importancia de pelear hasta la última consecuencia por aquello que se quiere y que es importante para ti, la capacidad para reinventarse y salir adelante, los arrestos y la valentía para superar situaciones complicadas con dignidad.

Va a hacer seis años que se marchó antes de lo debido y, sobre todo, antes de poder transmitirle todas esas cosas ella misma a mi hijo. Cuando pienso en ella las palabras valor, determinación y creatividad cobran sentido. Me parece que no fui capaz de expresarle suficientemente lo mucho que me dio.

Y termino con mi compañera, Carmen, a quien tengo la suerte de disfrutar cada día y que ejemplifica la honestidad, la generosidad suprema, el amor incondicional, la armonía, en definitiva el corazón más limpio que conozco.

Aunque algunas veces se lo digo, nunca será suficiente. Hay personas que consiguen sin ruido, sin estridencias, con su ejemplo y su valor hacer mejores a los que las rodean.

Irradian energía contagiosa, generan entornos donde queremos estar, donde el sueño de ser feliz se convierte en realidad. Hay pilares sólidos y profundos sobre los que asentar la vida y yo he encontrado, con ella, el mío.

No se si aparecen en los manuales de competencias profesionales pero la dulzura, la preocupación sincera por los demás y la bondad de corazón permiten construir las cosas que importan de verdad.

¿Que han hecho ellas para influirme así? Muy sencillo…

Han sido ejemplos andantes de esos valores, me han mostrado como hacerlo con sus acciones, con sus palabras. Sin alardes, sin fuegos de artificio, desde la sencillez, la cercanía y la humildad.

Si alguna vez alguien considera que algo de lo que hago o digo es útil o tiene valor, todo el crédito es de ellas.

De mis sombras, de mis errores y de mis fracasos soy el único responsable.

Para finalizar me gustaría recordar que este viaje de la vida es muy corto (“vértigo que el mundo pare…” como dice Ismael Serrano…) y comparto estas reflexiones para que aprovechéis “el aquí y ahora” para agradecer a las personas importantes de vuestra vida lo que os aportan.

Esperar trae consigo, a veces, que perdemos desgraciadamente la oportunidad de hacerlo.

Hace poco hubiese cumplido años mi idolatrado John Lennon. Su “Woman” describe a la perfección muchos de los sentimientos que, torpemente, he querido reflejar aquí.

El dificil reto de equilibrar a “miniyo”

25 Jun

Estamos de vuelta tras una pausa vital necesaria.

Y retomo uno de los temas que mas interés despertaron al inicio del blog allá por Octubre del año pasado: el “miniyo”

Lo presentamos en Conviviendo con “miniyo” y pese a ser conscientes de conocerlo sigue siendo un autentico quebradero de cabeza buscar el equilibrio del bichito en cuestión.

Como ya he comentado en mas de una ocasión no creo en las definiciones absolutas con las personas, en el “ser” sino que valoro los comportamientos del “aquí y ahora”, en este sentido sigo padeciendo cada cierto tiempo alguna de las consecuencias negativas del descontrol de mi “miniyo”. Estos descontroles podemos dividirlos en dos:

“Miniyo” exagerado: cuando vamos sobrados de autoestima, nos creemos en poder de la verdad absoluta y aprovechamos para hacérsela ver a los demás (pobres ciegos…). En estos casos nuestro “miniyo” nos precede cuando entramos en los sitios, si, ya sabéis hay personas cuyos egos entran en las salas antes que ellos, es en esas ocasiones donde piensas “mira aquí está el “miniyo” de fulanito, detrás viene él”.

Para mi desgracia peco, en más ocasiones de las que me gustaría reconocer, de esta soberbia, exagerando pequeños logros y dándome un autobombo innecesario que me hace perder el foco de las cosas verdaderamente importantes de la vida.

“Miniyo” insignificante: cuando todo se nos viene encima. Cuando la autoestima brilla por su ausencia, cuando nos queremos poco y mal. Aunque parezca lo contrario hay muchas personas en determinados momentos de su vida que no se quieren lo suficiente. En estos casos aparece lo que mi querida Belen Varela llama el “calimerismo”, nos convertimos en el famoso burrito Igor y todo lo vemos negro.

Es necesario salir lo antes posible de este descontrol que nos hace caer con frecuencia en uno de los demonios de nuestra era: la depresión.

Como siempre en estos casos hay que empezar por la consciencia, es importantísimo tener la lucidez suficiente para reconocer cuando acabamos de padecer alguno de los descontroles comentados.

Estoy convencido que en nuestro fuero interno lo sabemos en la mayoría de las ocasiones pero no basta con que se quede ahí.

Hay que sacarlo fuera, recordemos que somos lo que hacemos y lo que decimos (no la imagen que tenemos de nosotros en nuestras cabezas) y por ello es importante saber pedir perdón y avergonzarse de uno mismo cuando el exceso de “miniyo” nos ha llevado a herir a otros y también aprender a perdonarse y ponerse en valor con todas las cosas positivas que tenemos cuando el problema ha sido de baja autoestima.

Y tú…¿que haces para equilibrar tu “miniyo”?

Hagas lo que hagas, cambiar siempre es posible, no como dice James Arthur en esta preciosa canción.

 

 

¿Que es tener éxito?: Cosas o personas

7 Mar

Hace tiempo que me planteo esta cuestión que hoy da título al post…

¿Que es tener éxito? ¿Es tener cosas o es tener afectos (personas)?

La primera vez que esa pregunta me rondó la cabeza fue cuando vi completo el vídeo del profesor Randy Pausch de la Universidad Carnegie Mellon en el que comentaba que sus padres le enseñaron a diferenciar entre las personas y las cosas.

Estoy profundamente convencido que durante muchos años en nuestro modo de vida de estrés, de consecución rápida, de no esperar por nada ni por nadie, de quererlo todo y quererlo ya, el éxito ha consistido en tener cosas aun a costa de sacrificar afectos.

Las personas que han representado el éxito, que han sido iconos del mismo para los demás, se han jactado (a poder ser públicamente) de conseguir dinero, ascensos meteóricos en sus carreras y demás símbolos de poder cuanto más rápido mejor.

Si había que dejar a un lado familia, parejas (normalmente de usar y tirar…), amistades…no importaba con tal de conseguir el éxito.

Cuando miro alrededor y veo a personas que parece que lo han conseguido me vienen varios pensamientos a la mente.

El primero es aquel viejo y sabio dicho anglosajón de “easy come, easy go”. Es decir lo que consigues fácil y rápido se puede perder fácil y rápido y mi pregunta aquí es:

¿Cuanto valoramos las cosas que conseguimos fácilmente? ¿Cuanto valoramos aquello donde ha habido esfuerzo y tiempo invertido?

Otra idea que me viene a la cabeza es una estrofa de la letra de “Masters of war” del gran maestro Dylan que (en versión de otro genio, Eddie Vedder) ilustra estas letras. Permitidme reproducirla tal cual…

“…Let me ask you one question

Is your money that good

Will it buy you forgiveness

Do you think that it could

I think you will find

When your death takes its toll

All the money you made

Will never buy back your soul…”

Toda la compleja situación económica y social que hemos atravesado estos últimos años creo que puede ayudar a que nos planteemos el precio de esta visión del éxito.

Yo, después de darle muchas vueltas, cada día estoy más convencido que el verdadero éxito reside en acumular afectos, personas que merezcan la pena, personas capaces de sacrificar su tiempo y esfuerzo por otros.

Y me temo que ese éxito requiere de la persistencia, del no abandonar al primer contratiempo, de comprometerse, de complicarse a veces la vida, de no tirar la toalla ante la dificultad de las relaciones personales.

Y no puedo dejar de pensar en un artículo que leía en el periódico el día después de San Valentín de una pareja que lleva más de 60 años junta .

Mis abuelos paternos también.

Sacar adelante a tu familia, cuidar y querer a tu compañero/a y tener el afecto sincero de la gente que te rodea es, en mi humilde opinión, el ÉXITO con mayúsculas.

Debo estar haciendome viejo por pensar así…

Resiliencia: la vitamina del optimismo

14 Oct

Existen muchos mitos en torno al optimismo…

Siguiendo los viejos refranes de nuestro entorno, muchas veces basados en el fatalismo vital…se describe a la persona optimista como “la que nació de pie”, como todo el mundo sabe “unos nacen con estrella y otros estrellados” y podríamos seguir eternamente.

Contrariamente a lo que se cree una persona no “nace sino que se hace” optimista y esto suele estar muy unido a su capacidad de resiliencia.

Si buscamos la definición de este palabro en dios Google y su apóstol Wikipedia nos dirán que es “la capacidad de los sujetos para sobreponerse a periodos de dolor emocional y traumas y salir fortalecidos de esa experiencia” y que viene del latín  (resilio, resilire: «saltar hacia atrás, rebotar»).

Esta cualidad o competencia personal es clave en las personas que afrontan la vida con optimismo. No son personas a las que no les haya sucedido nada malo (como dice el dicho asturiano “en todes les cases cuecen fabes y en la mía a calderades”) sino que se han demostrado a si mismas la capacidad para superar esos momentos duros o dolorosos y levantarse las veces que sean necesarias.

Es importantísimo que entrenemos a las personas queridas de nuestro entorno en esa capacidad para sobreponerse a las dificultades, eso les ayudará a mejorar su visión positiva de la vida.

Especialmente en el caso de los mas pequeños de la casa, como bien les escuche a Xavier Guix (psicólogo), la “evitación de toda frustración como camino a la felicidad es un error caro de los padres de hoy”. No debemos caer en esa trampa de pensar que podemos evitar toda la vida situaciones no deseadas a nuestros hijos y convertirlos así en analfabetos emocionales que no saben superar por si mismos estos pequeños fracasos.

Entre la exigencia extrema (léase Aprendiendo de los errores: papa olvida en este mismo blog) y la complacencia absoluta hay mucho terreno en el que movernos.

Cuando pienso en resiliencia me suele venir a la mente este ejemplo tremendo que he compartido en algunos cursos: el Team Hoyt

Podéis bucear en la red buscando información sobre ellos, creo que merece la pena.

Y para cerrar un dicho más, este italiano, que creo refleja el concepto de resiliencia bastante bien:

“Dura più l´incudine che il martello” Es decir dura más el yunque que el martillo.

Queridos yunques, buena semana…

Aprendiendo de los errores: Papa olvida

3 Oct

Diego_Sol

Dedicado a todos los que como yo comentemos errores como los que explica Livingston en el texto. Cuantas veces nos olvidamos, cuantas veces descargamos emociones equivocadas en la educación, avergonzado por haberme equivocado en muchas ocasiones lo comparto por si os hace reflexionar y extrae alguna emoción positiva para compartir con vuestros hijos.

“Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía en el salón, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.

Esto es lo que pensaba, hijo:

Me enfadé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te regañé también. Tiraste la taza. Tragaste la comida sin masticar. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado la tostada con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía hacia el trabajo, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ponte derecho!”.

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas jugando en la calle. Tenías agujeros en el pantalón. Te humille ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Los pantalones son caros, y si tuvieras que comprarlos tu, serias más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.

¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en el salón y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido?

Cuando levanté la vista del libro, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. – “¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente.

Nada respondiste, pero te echaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agotar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el librode las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender, ésta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y media según la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontaneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero Papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando tu sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes.

No haré mas que decirme, como si fuera un ritual: “No es mas que un niño, un niño pequeñito”.

Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un niño todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.”

W. Livingston Larned
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